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Carta al otro lado del océano «los miedos como puente»

Hola Gi! 

Espero estés muy bien del otro lado del océano. No sé si te lo imaginabas pero la escritora de tu carta soy yo: Cami. Me emociona mucho comenzar este puente entre nosotras porque eso es lo que siempre sentí hacer cada vez que escribí una carta: construir una conexión entre la persona que la lee y yo.

Escribo cartas desde muy chiquita. Después de los diarios, es mi actividad favorita para expresarme. Confieso que durante un tiempo largo dejé de hacerlo, hasta que en el 2020 hablando con una amiga con la que siempre nos escribíamos decidimos retomar esta práctica hasta volvernos a ver. El cuerpo tiene memoria, y enseguida reencarné en mí el placer epistolar. Y, acabo de recordar, que lo primero que escribí en mi viaje fue una carta con la intención de reparar mi corazón. 

Las cartas tienen ese no qué que me hacen sentir más acompañada que el diario. Ahora mismo siento tu presencia como si estuvieras acá, como si te hablara. Escribo ahora, y vos vas a leerme más tarde pero vamos a estar unidas a través del tiempo. 

Muchas veces dejo que el tiempo pase, como si lo desafiara, llego al límite. Como hoy, que esperé hasta el último día para sentarme a hacerte la carta. Pospongo todo, desde chiquita también. “Siempre todo a último momento” me decía mi mamá y sí, lo sigo haciendo. Me escapo de mí misma, procrastino para no encontrarme pero sobre todo, para no tomar consciencia del tiempo.

Te diría que el tiempo es mi enemigo, pero no podría declararle la guerra a alguien que a fin de cuentas me va a vencer, ¿o no? Entonces escribo, no le declaro la guerra pero doy saltos en él. Escribo ahora y soy leída en tu ahora, diferente al mío. Cuando yo ya esté en otro instante seré estas palabras en vos ¿también me sentís ahí? Si es así, el puente está funcionando. 

Con los diarios siento algo parecido ¿sabés? No cuando escribo los míos, sino cuando leo los que se han publicado de otras personas. Sus pensamientos más íntimos son como una especie de flecha al universo, con frases que muchas veces atraviesan mi alma. ¿Cómo es posible que esas personas ya no estén pero sus palabras sigan siendo tan reales, al menos para mí?

Y seguro te preguntarás, qué tiene que ver esto con la carta de los miedos. Estoy haciendo lo de siempre, procastinando. Ya te dije. Dejándolo todo para último momento. O es lo que me quiero hacer creer para no aceptar que la única enemiga soy yo misma y que me cuesta poner en palabras mi mayor miedo: ser yo , o quizás ser tiempo.

La mayoría de las noches no puedo dormir pensando en mí, en el tiempo, en esto que estoy siendo en él. Intento entenderlo, le doy vueltas por todos lados. Hasta que termino cayendo en ese pozo de lo absurdo en el que todos entramos alguna vez y nos devolvió de una sacudida a la cama. 

Desde los 4 años la noche me tapa con mis miedoshasta la madrugada. Y llega un momento en que, desesperada por no poder descansar, le pido al tiempo que por favor aparezca y que me explique qué significa. Qué sentido tiene enroscarme en él, qué sentido tiene ser tiempo.

Me asusta la idea de la muerte ¿ese será el fin del tiempo? ¿Será sólo una idea? La muerte y el tiempo son mi angustia existencial pero por qué están presentes en mí desde la niñez? ¿Esto se acabará alguna vez? ¿Cómo se sentirá el fin? ¿Cómo habrá sido el principio? ¿Por qué no lo recuerdo? Será que es infinito, será que simplemente es y por primera vez estoy creando algo diferente: estoy escribiendo mis miedos. Ya no los dejo para después.

Porque ahora, mientras te escribo, empiezo a entender. Proyecto a mi enemigo en el tiempo, pero no es él. Soy yo. Y es mi miedo el que no me deja ver. Y que, por mucho que me asuste, está bien no saber qué soy porque quizás la mente jamás podría comprender. O capaz soy yo, evitando aceptar nuestra naturaleza: ser tiempo.

Como dijo Dani (compañera del Club), al final nos damos cuenta de que nada es tan grave 5 minutos después de escribirlo. Sé que antes me hubiera preguntado por qué nunca escribí sobre esto, hasta hoy. Pero ahora sólo estoy agradecida por estar liberando tantos años de silencio. Abriendo un portal, me despido con un abrazo a tu corazón.

Gracias por este encuentro.

Cami.

Esta carta surgió de un ejercicio de escritura que planteé en el Club de Partículas en el mes de diciembre 2020. Hicimos un círculo epistolar para descubrirnos en nuestros miedos, ponernos en palabras y transformarnos.

¿Te animás a escribir una carta sobre tus miedos? Si lo hacés, contame qué sentiste. Te leo.

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