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DIARIOS DE BARILOCHE: PERSPECTIVAS

El 26 de Noviembre de 2019 viajamos a Bariloche con Pato y dos gatos, Negro y Chiquito, nuestros compañeros de casa. Llegamos con el deseo de instalarnos un tiempo en la ciudad y la convicción de que ya lo habíamos logrado.

Traje conmigo mis cuadernos y el hábito de escribir a diario como una práctica de escucha consciente a mí misma. En un momento del día, destino mi atención a escribir todo lo que pasa por mi mente. Generalmente, lo hago a la mañana apenas me despierto o antes de irme a dormir. Hoy, comienzo a compartir los escritos de esos registros personales porque recibo muchos mensajes sobre cómo hice para venir a vivir a Bariloche.

La semana pasada, les compartí un post con las preguntas específicas de lo que quieren saber. Pero creo que no tengo la verdad absoluta, cada uno hace su experiencia en cada lugar al que va. Por eso, decido compartirles mis diarios, porque todas mis vivencias fueron dentro de un contexto circunstancial. Y, además, muchos quieren que les «de tips» para escribir un diario. Esta es una de las formas que encontré para brindarles ideas que pueden inspirar su práctica. En un diario podemos escribir todo, cualquier cosa, sólo tenemos que darnos permiso para ponernos en palabras. ¿Emepezamos?

DIARIOS DE BARILOCHE: PERSPECTIVAS

Martes 26 de Noviembre

Estamos en Bariloche. Llegamos a las 9:42 de la mañana. Viajamos en avión con los gatos. Al final tanto nudo en la panza de preocupación por ellos no hizo falta. Desde que sacamos el pasaje hasta hoy tenía miedo de que algo nos impidiera viajar. Cuando hicimos el check in, no apareció ninguna de las situaciones que mi mente había inventado para ponerme nerviosa. Nos pidieron sus papeles, los miraron así nomás, los pesaron con sus mochilitas. Nos dieron el ok y me sentí liviana, lista para volar.

No me subía a un avión desde los cuatro años. Abuelo piloto y yo con tan poco vuelo en mi cuerpo. Pero siempre volaba con las historias de él me contaba. Anoche pasé a saludarlo y me regaló una foto, que está en la mochila. Es la imagen del mismo aeropuerto donde aterrizamos esta mañana, capturado en el año 1977 desde el comet 4 que mi abuelo piloteaba. Bajamos de un avión en el mismo lugar, en distintas momentos. En algún universo paralelo, estamos aterrizando juntos, abuelo. Vuelo con vos.

La foto de mi abuelo.

Salimos del aeropuerto, nos esperaba M en su auto rojo. La señora a la que le alquilamos esta cabaña, antes de ayer nos reservó el remis. Como estábamos con los gatos, no nos parecía un buen plan tomarnos dos colectivos con ellos y las mochilas después de tantos cambios. Preferíamos llegar rápido. Encontramos a M, nos subimos al auto y arrancamos camino a la cabaña. El aire del sur se siente tan liviano. Y no tardó en volverse uno con el palpitar de mi corazón.

El auto avanzaba y mi cuerpo se iba reencontrando con la sensación de vacío al empezar la vida otra vez en este lugar. Me emociona, la incertidumbre cosquillea, como cada vez que empecé de nuevo en el viaje. Amo soltar todo, reiniciar. Llegar a una ciudad y arrancar mi vida de cero. Construir. Llegar a un punto en el que dejo todo de nuevo. Empezar otro camino el movimiento. Viajar, no tener planes, es ser consciente de que la vida es una montaña rusa. El lago en mis retinas supo ser puente a mis recuerdos. Empezamos el 2019 en el sur y ahora estamos volviendo casi al final del año.

La mezcla de emociones me llevó a expresar: «mirá qué lindo Patri. Esto es hermoso. Estoy feliz.»

M. me escuchó y desde su asiento me dijo: «¿qué es lo que te parece lindo?».

Me desconcertó.

«¿Qué me parece lindo? El lago, todo lo que veo. No sé. Me encanta el sur.»

«Si bueno, la verdad a mí me parece que no hay nada lindo acá.»

El resto del viaje lo pasamos escuchando sus quejas, desgracias y complicaciones acerca de vivir en Bariloche. Seguramente, si me hablaran de Buenos Aires a mí diría lo mismo. Que nada me parece lindo. Por eso me fui. Por eso vivo viajando. Porque no quiero ir a ningún lado en particular. Quiero ser en la belleza de cada lugar.  Y también ser en la ruina. Descrubir que hasta en el lugar que menos me gusta hay también algo simple y lindo que contemplar.

El viaje me enseñó que los lugares no son lindos ni feos.

Los lugares simplemente son.

La mente los juzga, desde nuestras experiencias, emociones, condicionamientos. Estamos acostumbrados a decir que esto es lindo o es feo. Y no es así.

Las cosas simplemente son.

Y los lugares son espejos de nuestro interior.

Ahora mismo mientras escribo esto pienso que acá, en este momento todo me parece lindo. Y siento que debe ser porque estoy a gusto conmigo, con la decisión que tomé en continuar viaje al sur. Me siento bien porque supe escucharme y elegir el camino que deseo para mí. ¿Por qué me gusta el sur?

Los colores de la Patagonia penetran.
el celeste radiante del Lago
el verde ciprés de los cerros
el gris atravesado por nieve en las montañas
el amarillo de las retamas que bordean las calles
su aroma fresco que me trae recuerdos
de cada vez que sentí este suelo bajo mis pies anteriormente.


No sé, es que no puedo explicar.

Tal vez lo que a mí me parece hermoso para M pasa desapercibido. Por distintas concepciones de belleza o por la costumbre de estar acá. Es que cada uno tiene su historia, su propio vínculo con los lugares. Vuelvo a lo mismo, soy de Buenos Aires, de donde en verdad no me siento ser. Pero estos útimos meses que pasé ahí me llevaron a posicionarme de otra manera. Aún entre edificios que odio, aprendí a conectarme con la belleza de lo simple y emocionarme al mirar la luna o ver el atardecer desde la ventanilla del bondi.

Entonces, el juicio a los lugares depende de los ojos con que los miremos.


No sé, Bariloche me parece más lindo que Buenos Aires porque está rodeado de naturaleza. Pero más lindo aún me parece mantener vivo el asombro y las ganas de mirar con emoción lo que nos rodea. Estamos vivos ahora, necesitamos conectarnos con el entorno y mirarlo con nuevos ojos cada día porque, aunque parezca igual, nada vuelve a estar en el mismo lugar otra vez. Y eso lo aprendí estos meses que pasé en Buenos Aires tratando de encontrar la magia en lo cotidiano.

Chiquito y Negro.

Me encanta esta cabaña. Lo primero que hice fue dormir una siesta. Los gatos también. Exploraron la casa pero enseguida se adueñaron de la cama y durmieron conmigo. Después fuimos a caminar, compramos comida y piedras para los ellos. Ahora vamos a cenar. Gracias.

Caminar por el sur es sacar fotos por todos lados. La esquina de la cabaña.

    3 comentarios en “DIARIOS DE BARILOCHE: PERSPECTIVAS”

    1. Buenas! Soy escritora y abogada, me gustaría mucho vivir allá pero no me animo. Y tuve la idea desde siempre. Me gustó mucho tu relato. Gracias por compartir. Quiero ser docente y ejercer mi carrera allá. ..

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